miércoles, 17 de junio de 2009

De Los Turcos

Conjunto de pueblos de raza altaica, cuya cuna hay que situarla en el norte de Asia, más allá de los mares Caspio y Aral y de China. Durante decenas de siglos, estas regiones estuvieron ocupadas por un confuso conjunto de tribus nómadas.

DIVERSAS TRIBUS
Los Hunos.
Probablemente, la primera comunión política de los turcos fue creada por los hunos, que en las fuentes de los chinos son conocidos por el nombre de Shiong-un, en el siglo IV a. C. El imperio estaba formado de la unión de todas las tribus nómadas. El dominio huno duró hasta siglo II d. C. en gran parte del Asia Central. No se sabe exactamente la historia de la unión de los hunos y por eso no está muy claro si fueron turcos o Mongoles, pero los testimonios chinos nos ofrecen suficientes argumentos sobre la posibilidad de que la clase administradora de los hunos fueran proto-turcos. Tuman (Teoman) es el primer emperador que narra en las fuentes chinas, y su hijo Mao-dun (Mete) llega al poder en asesinando a su padre en 209 a. C., domina sobre los chinos y muere en 174 a. C. Siglos después, la figura de Mete se identifica con Oguz Kagan, el fundador mitológico del pueblo turco. Los hunos, 200 años más tarde, siglo IV d. C. otra vez aparecieron en la escena política mundial, en Europa. Atila fue el poderoso emperador huno y la muerte de él (453) definitivamente acabó con la unión.

EXPANSIÓN TURCA


La primera expansión turca. De estos pueblos, los de las estepas eran pastores; los que tenían su hábitat en los bosques eran cazadores y en gran parte salvajes. No habían evolucionado desde la más remota Antigüedad. En el s. V, un conjunto de tribus t., los hunos (v.), formaron la gran ola de invasión de la cual surgió el imperio de Atila. Hacia el 550, los t. fueron aliados de los reyes manchúes de Oé, uno de los reinos bárbaros dentro del territorio chino. Esta alianza permitió a los t. dominar un inmenso territorio, desde las fronteras de Manchuria hasta cerca del mar Caspio. Poco después (560), los persas Sasánidas (v.) buscaron la colaboración con estos pueblos del norte. Sin embargo, esta amistad duró poco, y en el 597 los t. se apoderaron de Bactriana.
Su rápida expansión quedó neutralizada en el s. VII por su división en orientales y occidentales. Mientras los primeros lucharon contra el Imperio chino partiendo de sus bases en Mongolia, los occidentales, centrados en el Turquestán, continuaron su hostilidad contra los Sasánidas y, desaparecidos éstos, vivieron en crónica guerra con los musulmanes, dueños entonces del antiguo Imperio persa. Durante este periodo, las tribus turcas hasta entonces chamanistas y nómadas recibieron una corriente civilizadora a través de las rutas de caravanas de China central con influencias budistas, cristiano-nestorianas, maniqueas e islámicas. Un grupo de pueblos t. llamados viguros, establecidos en el valle del Tarin y convertidos al budismo chino y al nestorianismo, extendieron su dominación hacia el norte, introduciendo en las estepas de Siberia la civilización agrícola y el nestorianismo. Pero esta penetración vigur fue detenida en el s. IX por los salvajes kirguises, que ocuparon el país.

DE ÁRABES A TURCOS

Cuando los conquistadores árabes se hubieron extendido por Oriente y se mezclaron con las tropas serviles de la Persia, de la Siria y del Egipto, perdieron poco á poco la energía y las virtudes guerreras del desierto. La actividad del fanatismo había disminuido en demasía, y las tropas de los califas, hechas mercenarias, se reclutaron en el Norte. Tomábanse de los turcos, que vivian mas allá del Oxus y del Jalarte, y aquellos robustos jóvenes aprendían el arte de combatir y la fe musulmana dejado por los soldados árabes. Estos turcos, que llegaron á ser los guardias del califa, rodeaban el trono de su bienhechor, y sus jefes usurparon pronto el mando del palacio y de las provincias. Mostassem dio el primer y mas peligroso ejemplo; trajo mas de cincuenta mil turcos á la capital; su licencia exitó la indignación pública, y las contiendas de los soldados y del pueblo determinaron al califa á alejarse de Bagdad y establecer su residencia y el campamento de sus Bárbaros favoritos «i Sumara, sohre el Tigris. Molawakkel, su hijo, fue un tirano perpicaz y cruel. Aborrecido de sus subditos, halló seguridad en la fidelidad de sus guardias turcos: estos extranjeros ambiciosos y resentidos del odio que inspiraban, sé dejaron seducir por las ventajas que les prometía una revolución. A instigación de su hijo, ó por lo menos para darle la coron.i, se precipitaron á la hora de comer en el cuarto del califa, y lo dividieron en siete pedazos con los mismos machetes que acababa de entregarles para defender su vida y sn trono. Moslanser fue elevado en triunfo sobre un trono que todavía chorreaba la sangre de su padre; pero durante los seis meses de su reinado no experimentó mas que las angustias de una conciencia criminal. Si, como se dice, vertió lágrimas á la vista de una antigua tapicería que representaba el crimen y el castigo del hijo de Corroes, ¡rt la p na y el remordimiento abreviaron en efecto su vida, no podemos menos de permitirnos alguna compasión hacia un parricida que, en el momento de su muerte, gritaba que habia perdido la dicha de este mundo y la felicidad de la vida futura. Después de este acto de traición, los mercenarios eslrangeros dieron y quitaron la vestidura y el bastón de Mahomet, que eran todavía los emblemas de la magestad; y en el espacio de cuatro años, crearon, desposeyeron y asesinaron á tres cal fas. Todas las veces que los turcos se hallaban agitados por el temor, la rabia y la codicia, cogían al califa por los pies, y después de haberle arrastrado fuera del palacio, le exponían á un sol abrasador; le herian con mazas de hierro, y ¡e obligaban é comprar con su abdicación el retraso por algunos momentos de un destino inevitable y fatal. Por fin se calmó esta tempestad, ó tomó otro curso; los Abbassidas volvieron á Bagdad, que les ofrecía una morada menos peligrosa: una mano mas firme y mas hábil reprimió la insolencia de los turcos; estas tropas temibles fueron divididas ó destruidas por las guerras extrangeras. Pero las na<>

TURCOS SELDJUCIDAS (990 –1157 d. de. J.C.)

Los selyúcidas, llamados asi porque eran dirigido por un famoso jefe llamado Selchuk fueron una dinastía turca que se separaron de la tribu uguz en el 950 que reinó en los actuales Irán e Iraq así como en Asia menor entre mediados del siglo IX y finales del siglo XIII. Llegaron a Anatolia, procedentes del Asia Central, a finales del siglo X, causando estragos en las provincias bizantinas y árabes. Son considerados como los antepasados directos de los turcos Occidentales, los habitantes actuales de Turquía, Azerbaiyán, y Turkmenistán. En el siglo X se convirtieon al Islam. Se cuentaque tal era la triste situación del imperio de los árabes, decaído de su antigua gloria, cuando una numerosa familia turca, procedente del fondo del Turkestan, apareció sóbre la escena, derribó la dominación de los Buidas, y poniendo nuevos hierros a los califas, sembró los fundamentos de un poderoso imperio conocido con el nombre de los Seldjucidas. Esta familia nómada, que traía su origen de Seldjuk, turco musulmán, después de haber errado durante algún tiempo con sus rebaños por la Transoxiana, posó el Gibou para buscar pastos en la provincia de Korasan. Reforzada con numerosas colonias turcas que se la unieron en la Transoxiana, aquella tribu llegó á ser á poco tan poderosa, que Togrul- beg, hijo pequeño de Seldjuk, no temió en hacerse proclamar sultán en la ciudad de Nisabur, capital del Korasan, y se erigió formalmente en conquistador (4038).

SALADINO Y LOS MAMELUCOS

Saladino.—Los Mamelucos. El imperio de los turcos seldjucidas acababa de repartirse entre muchas dinastías y soberanías particulares; los atabekes del Irak y muchos pequeños príncipes tuteos dominaban en la Siria y las comarcas vecinas; los F'limites del Egipto eran dueños de Jerusalen y de una parte de la Palestina, cuan Jo la manía de las cruzadas, hizo de esta parte del Oriente un teatro de horror y carnicería. Se vio allí durante dos siglos luchar el Asia contra la Europa, y las naciones cristianas hacer esfuerzos estraordinarios para mantener la conquista de la Palestina y de los países vecinos contra los poderosos mahometanos. Se levantó por fin entre los musulmanes un hombre de genio superior que se hizo temible á los cristianos de Oriente por sus conquistas, y que les hizo perder el fruto de sus-numerosas victorias. Este conquistador fue el famoso Saladin ó Selahedd n, hijo de Nod- gemeddin-Ayub, y fundador de U dinastía de los Ayubitas. El atabek Nureddin, hijo de OmaddoddimZenghi, le había enviado á Egipto en socorro del califa Fatimita contra los francos ó cruzados del Oxídente. Allí fue declarado visir y general de los ejércitos del califa, y afirmo tan bien su poder en este pais, que á la autoridad del califa Fatimita, hizo sustituir la del califa Abbasida, concluyendo por hacerse proclamar sullan á la muerte de Nureddin, de quien había tomado la cualidad de lugarteniente. 

ORIGEN DE LOS TURCOS OTOMANOS

Hasta La ConQuista De Constantinopla. Desde que los sultanes Seldjucidas de Iconium habian caido bajo la dependencia de los mongoles, su autoridad habia dejado de ser respetada en las provincias; y cuando Gaiatheddin Mansud II trató de restablecerla, la mayor parte de ios emires tomaron las armas, y pereció combatiendo á estos rebeldes (4294). Entonces concluyó el imperio seldjucida de\ Asia Menor. Ot/tman. (1299—4326). Entre los emires cuya independencia legitimó la muerte de Mansud, se distinguía Othman, hijo de Er- dogul, gefe de una tribu de turcos recientemente llegados de las orillas del Gihou, y que conservaban en toda su energía las costumbres guerreras de la patria común. Othman, simple emir de Bilinia, arrebató Iconium á los conquistadores mongoles, y llamó á los turcos bajo el estandarte de Mahomet, que pretendía haber recibido d* manos del último Seldjucída. Asi comenzó el imperio otomano, que conserva todavía el nombre de su fundador.

TOMA DE CONSTANTINOPLA

Toma de Constantinopla. (1453). Mientras los sultanes no habían podido navegar sin peligro por el Esti'echo, cuyas riberas cubrían sus legiones, Constantinopla pudo contar con los socorros de Genova y de Venecia y con la fuerza de sus murallas. Mahomet II, resuelto á conquistarla á cualquier precio, llenó el Bosforo de buques y de una formidable artillería, derribó las murallas que hasta entonces no habian sido batidas por resistir á estos instrumentos de destrucción. Después de dos meses de sitio, la ciudad fue tomada por asalto, y el último Constantino pereció gloriosamente en la brecha. Asi se desvaneció aquella sombra de imperio, que conservaba todavía en Oriente una imagen confusa, un recuerdo oscuro de la grandeza romana.
La raida de Constantinopla llevó el espanto á todas las naciones cristianas, poco antes indiferentes á su suerte, ó muy lentas en socorrerla. El papa Nicolás V en el congreso de Lodi, Pió II en el consejo de Mantua, alzaron su voz elocuente en favor de la fe y de la civilización que perec:an en Oriente (1454—14ü9). Algunas almas generosas respondieron á los votos de los dos grandes pontífices; pero la fria política heló el corazón de los príncipes, y el Occidente presenció sin piedad los funerales de la Grecia. Dos hermanos de Constantino Paleólogo sucumbieron en el Peloponeso, en los mismos sitios donde, tres siglos después de una tiranía impía y salvage, debia levantarse con tanta gloria el estandarte de la cruz y de la independencia.

DECADENCIA DE LOS OTOMANOS

Decadencia De Los Otomanos. Comenzó la decadencia del imperio otomano a la muerte de Solimán el Grande (1S66). Los sultanes sucesores suyos, entregándose a la molicie, encerrados en su serrallo y en su harem, abandonaron a los grandes visires el gobierno del imperio y el mando de los ejércitos. Los hijos de estos sultanes, educados por mujeres y eunucos, alejados de las tropas y de loa negocios, contrajeron desde la primera edad todos los vicios de sus padres, y no llevaron al trono aquel espíritu y aquella audacia militares que eran el alma del gobierno y la base de todas las instituciones de los otomanos.
Esto es lo que hizo Selim II, hijo de Solimán, que fue el primero en dar tan funesto ejemplo á sus sucesores (1670). En su tiempo, los turcos arrebataron á los venecianos la isla de Chipre, y conservaron esta conquista á pesar del terrible descalabro que sufrieron en Lepanto, que produjo la ruina de su marina (4671).
Los sucesores de Selim 11, Amurates III, Mahomet III y Ach- met I, ocupados únicamente de sus placeres, no pensaron en nuevas conquistas; Mahomet III hizo degollar y arrojar al mar á sus diez y nueve hermanos, y abandonó la dirección de los negocios á su gran visir, Ibrahim Pacha.
Los turcos no se amalgamaron nunca con los habitantes originarios de los paises que conquistaron, y quedaron extraños al perfeccionamiento del arte militar, asi como a los progresos de la civilización europea. Su lengua es una mezcla de palabras árabes, persas y zágataj: su estritura no es la misma para todas las clases de la sociedad; el hombre del pueblo, el negociante, el sabio, el hombre de ley, emplean cada uno caracteres diferentes; no tienen mas que diez y siete signos para expresar sus treinta y tres consonantes, y ninguno para las vocales; cada provincia tiene desde entonces su dialecto particular. De aquí resulta una gran dificultad para aprender su lengua; también su literatura es casi enteramente desconocida a los europeos.

DE LOS TURCOS OTOMANOS DESDE LA DEPOSICIÓN DE ACHMET HASTA NUESTROS DÍAS III

El sultán Mahmud I recobró Bellegarde por la paz concluida en esta ciudad (1739). Mustafá 111 tuvo que sostener una guerra desgraciada contra la Rusia, y negoció infructuosamente con esta potencia en Forchang y en Bucharest. En 1764, Abdul-Uamid, que acababa de reemplazar á su hermano Mustafá III en el trono de Constantinopla, deseando levantar la gloria de las armas otomanas hizo esfuerzos estraordinarios. Perdió la Crimea por la paz de Kaynardgi, celebró muchos tratados desventajosos con la Rusia, declaró la guerra á esta potencia, y se alió con la Suecia. En 1791, Selim III concluyó un tratado de alianza con la Prusia contra el Austria y la Rusia, ajusió después un tratado de paz con estas patencias, entró en la segunda coalición contra la Francia, y inas tarde hizo la paz con Bonaparte, primer cónsul, en -1802.
Los otomanos no fueron dichosos contra los rusos. Por otra parte, Selim se hizo odioso á las tropas por sus relaciones con los franceses, y por la mtroducciondelnizam gedid ó disciplina europea. Estalló una revolución en Constantinopla en 4807; Selim abdicó, y su hermano, Mustafá IV, fue colocado sobre el trono. Poco después Selim fue asesinado. Apenas Mustafá IV habia concluido un armisticio con los rusos, cuando á su vez fue destronado y muerto en 1808. Sucedióle Mahmud II que al principio no descubrió su verdadero carácter; pero mas tarde, afirmado en el trono, manifestó sus miras civilizadoras. Se vio, sin embargo, humillado por los rusos, perdió la Grecia, señalándose por la abolición del temible cuerpo de los genízaros, y viendo con dolor escaparse el Egipto del poder otomano, no conservando sobre él mas que una soberanía nominal.