miércoles, 17 de junio de 2009

ORIGEN DE LOS TURCOS OTOMANOS

Hasta La ConQuista De Constantinopla. Desde que los sultanes Seldjucidas de Iconium habian caido bajo la dependencia de los mongoles, su autoridad habia dejado de ser respetada en las provincias; y cuando Gaiatheddin Mansud II trató de restablecerla, la mayor parte de ios emires tomaron las armas, y pereció combatiendo á estos rebeldes (4294). Entonces concluyó el imperio seldjucida de\ Asia Menor. Ot/tman. (1299—4326). Entre los emires cuya independencia legitimó la muerte de Mansud, se distinguía Othman, hijo de Er- dogul, gefe de una tribu de turcos recientemente llegados de las orillas del Gihou, y que conservaban en toda su energía las costumbres guerreras de la patria común. Othman, simple emir de Bilinia, arrebató Iconium á los conquistadores mongoles, y llamó á los turcos bajo el estandarte de Mahomet, que pretendía haber recibido d* manos del último Seldjucída. Asi comenzó el imperio otomano, que conserva todavía el nombre de su fundador.

Las divisiones que estallaron entre loa dos Andrónicos, facilitaron los progresos de los turcos, y Orkhan, hijo de Othman, Be hizo dueño de Prusa, donde fijó el asiento de su naciente imperio. Andróníco III intentó sin resultado defender Nicomedia y Nicea, que cayeron en poder de este sultán. Sus alianzas contradictorias con Cantacuceno y Juan Paleólogo, costaron caro al imperio, y Gallípoli, conquistada por su hijo Solimán abrió á los infieles la entrada de Europa (1389). La muerte, que hirió sucesivamente al hijo y al padre
impidió áOrkhan aprovecharse- de su fortuna. Este príncipe, cuya memoria es venerada todavía entre los turcos, sentó el poder otomano bajo una base sólida, asegurando el imperio de las leyes por la institución de los cadís, y señalando á sus tropas un sueldo regular. Se le atribuye también la creación de la milicia de los genízaros, compuesta de esclavos cristianos, educados en la fe de Mahomet, y que, sin parientes y sin patria se liacian adictos ciegamente á su dueño y á su bandera. El sucesor de Orkban, Amurates I, disciplinó estos esclavos guerreros, engrosó sus filas con muchos millares de esclavones, les sujetó al celibato y á la vida en comunidad, y les aficionó al suelo de la conquista por íos principios militares, llamados timares. Fieles y fanáticos sostenedores del islamismo, los genízaros llegaron á ser tan formidables á los cristianos, como habían de serlo algún dia á los sultanes.
(1360—1453). Amurates I ataca al mismo tiempo los cristianos en Asia y en Europa, y el primer año de su reinado fue ilustrado con la toma de Ancira, y con la conquista mas importante de An- drinópolis, á donde transportó la sede del islamismo y del poder otomano.
En Asia, la-sumieion de la Armenia le costó pocos esfuerzos, y el último príncipe francés de este reino, Livon de Lusignan, buscó asilo en la corte de Carlos V de Valois (1377). Pero si sus armas encontraron pocos obstáculos en Europa, desde el Ilelesponto hasta el monte Hemus, no fue lo mismo cuando trató de subyugar los esclavones de la Bulgaria, de la Bosnia y de la Servia. Destruido uno de sus ejércitos hasta el último soldado, le hizo conocer á aquellas belicosas tribus, que debían salvar al Occidente, amortiguando los primeros choques de las hordas musulmanas: sin embargo, reparó aquel revés en la jornada de Cossova, donde pereció después de la victoria (1389).
La derretí del príncipe de Servia arrastró la sumisión de la Ma- cedonia y de la Bulgaria y abrió á Bayaceto I una carrera mas vasta de conquistas. Este bijo de Amurales invadió la Moldavia y amenazó la Hungría. En vano una cruzada de caballeros franceses corrió en socorro del rey Segismundo; fueron hechos pedazos en Nicópo- lis (139fi); pero sucumbieron con gloria, y Bayaceto, admirado de su valor, volvió sus armas conlra enemigos mas fáciles de vencer.
Manuel II. que habia sucedido en 1391 á su padre Juan Paleólogo, fue obligado á asociarse en el imperio con uno de sus sobrinos. Su pronta obediencia suspendió el efecto de las amenazas del sultán; pero esta aparente moderación no tranquilizó al emperador, que burló la vigilancia de Bayacoío para ir á solicitar los socorros de la cristiandad en Venecia, en París y en Londres (1400). El Occidente permaneció indiferente á la suerte de los griegos; pero la súbita aparición de lamerían retrasó la caida deCoustantinopla.

(4402). Sobre las ruinas de las conquistas de Gengis-Klian, Tl- mur-Leuc (lamerían) acababa de fundar en Samarcanda un nuevo imperio mongol, al mismo tiempo que los Gengis-Khanidas eran espulsados de la China (<370).>
Tal era el conquistador que acababa de llegar á embestir repentinamente la dominación de los otomanos. Llamado por el emperador Manuel y por algunos emires Seldjucidas todavía independientes, penetró en el Asia Menor. Por primera vez los otomanos empuñaron las armas pira defenderse; pero Bnyaceto, vencido en la batalla de Ancira, rayó entre las manos de los mongoles, y murió después de un año de cautividad. Poco tiempo después, Tamerlan terminó también su carrera en Otrar (HOo), y su imperio tuvo la misma suerte que el de Alejandro, cuyo lugar ¿cupo. De un resto de aquella inmensa dominación, Babur, su hijo mas pequeño, formó en la India el imperio del Gran Mogol , destruido en nuestros días por los ingleses.
Poco pues interrumpió la invasión de Tamerlan los brillantes destinos anunciados por Othman á los pastores guerreros de la Tran- soxiana. Sin embargo, las divisiones que estallaron entre los hijos de Bayaceto los comprometieron todavía; pero la victoria de Semen- dria, obtenida por Muza sobre el emperador Segismundo, volvió á la media luna su primer brillo (1412), y la prudencia de Mahomet f afirmó en la paz las conquistas de sus predecesores.
Con lodo, Constantinopla se hallaba todavía en pié. aislada en medio de los bárbaros, y no comunicando con la Europa mas que por medio de las galeras genovesas. Ella debia á la protecc on de los mercaderes de Pera la prolongación de su miserable existencia. Las intrigas de Manuel la espusieron á la venganza de Amurates II, que sitió la ciudad con su ejército de doscientos mil hombres (H22). Conslantinopla, sin embargo, escapó todavía de este peligro. Un armamento formidable se preparaba en su favor sobre las orillas del Danubio, y el sultán resolvió adelantarse á sus enemigos. Invadieron los turcos la Servia y tomaron á Semendria (U38;; pero todos sus esfuerzos se estrellaron contra Belgrado, defendida por Juan Humada, vaivoda de Transilvania. Este héroe salvó la Hungría y forzó á Amurates á firmar una tregua de diez años; pero el celo imprudente del papa Eugenio IV, hizo romper este tratado el mismo año que se habia jurado. Halláronse los dos ejércitos cerca de Warna, donde el impaciente ardor del joven rey de Hungría hizo perder á los cristianos una victoria que tengan asegurada (1444). Wladislao pereció allí con glorm con sus mas bravos compañeros, y la Europa, espantada de aquel gran revés, no pensó mas que en defender sus propios hogares.

(1447—1451). Acababan de sublevarse los albaneses viendo aparecer entre ellos al joven Scanderberg, que su padre, Juan Cas- trioto, Labia dado en rehén al sultán Muza. Estos intrépidos montañeses sostuvieron dos veces el choque de las fuerzas musulmanas, y dos veces Amurates apareció delante dcCroya sin poder apoderarse de ella (1447—1451). Su muerte puso el poder otomano entre las manos del mas implacable enemigo de los cristianos.
Constantino Dragases (1448). Mahomet 11 (1481). El hijo de Amurates II debia cambiar la faz del imperio turco, dándole á la vez la tierra y el mar por dominio y Bizancio por capital.

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